Hemeroteca :: 30/04/2010
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VIAJES
Última actualización 05/04/2010@04:12:22 GMT+1
Nombrada por Azorín como la 'Nueva York de la Mancha' porque ya en aquella época destacaba como ciudad industrializada entre las de su entorno, Albacete es una ciudad moderna, comercial e industrial, la más populosa de Castilla-La Mancha, y entre las veinte ciudades con más población de España. A pesar de ello, los albaceteños no han perdido ni un ápice de tradición en lo que a la celebración de la Semana Santa se refiere, de hecho, su Semana Santa está declarada de Interés Turístico Regional.
Durante estos días recorren sus calles 38 pasos arropados por más de siete mil nazarenos, agrupados en doce cofradías. Como curiosidad cabe destacar que, al igual que en algunas localidades levantinas, los nazarenos ofrecen caramelos a su paso.

A sólo trece kilómetros de la capital se encuentra Chinchilla de Montearagón, cuya Semana Santa también está declarada de Interés Turístico Regional. Situada sobre un cerro desde el que se domina la llanura manchega, Chinchilla de Montearagón dispone de uno de los trazados medievales mejor conservados de la provincia y es por esas calles por donde transcurren los diferentes pasos procesionales.

Una de las peculiaridades de la celebración de la Semana Santa en esta localidad es la posibilidad de escuchar las bocinas o bozainas, como popularmente se conocen, dos instrumentos de viento rudimentarios, de forma cónica y una longitud aproximada de 3 metros cada una. El sonido que emiten es lúgubre, sordo y triste, sus orígenes se remontan a la Edad Media. Desde el año 1953, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y Santo Entierro cuenta con los citados instrumentos, con los que cada sábado de Cuaresma, a partir de las once de la noche, hace un recorrido por las calles de la ciudad, haciendo sonar una melodía que es un lamento.

Y de las bozainas de Chichilla al tambor de Tobarra y Hellín. Y es que este humilde instrumento adquiere un gran protagonismo en estas dos localidades durante el Triduo Santo. Las multitudinarias tamboradas reúnen en las plazas de estas localidades a todos aquellos lugareños que encuentran en el tambor su sentir y su pasión y justifican que su Semana Santa haya sido declarada de Interés Turístico Nacional e Internacional, respectivamente.

Los tambores que inmortalizara Luis Buñuel de su Calanda natal se confunden con los que suenan en Tobarra y Hellín. En Tobarra suenan los tambores sin descanso durante ciento cuatro horas, es el pueblo que toca ininterrumpidamente durante más horas en todo el mundo, desde la tarde del Miércoles Santo hasta la madrugada del Domingo de Resurrección, en el acto de cierre de toque de tambor en la noche de Domingo de Resurrección más de 4.000 tambores despedirán al unísono hasta el año que viene. Para aquellos que sientan la fascinación del tambor, en Tobarra pueden visitar su Museo del Tambor y la Semana Santa, un museo único en España que cuenta con un fondo de unos cincuenta tambores venidos de los cinco continentes.

La tradición de tañer el tambor durante la Semana de Pasión en estas localidades albaceteñas tiene orígenes inciertos y muy antiguos, en el caso de Hellín nos remontamos a los años de predicación de San Vicente Ferrer en el siglo XV. La tradición ha continuado hasta nuestros días, atrayendo a miles de visitantes. En Hellín la noche del Jueves Santo se celebra la tamborada más importante de la Semana Santa, a las 12 de la noche, una vez recogida la Procesión del Silencio, las peñas de tamborileros salen a la calle convirtiendo el silencio de la noche en un gigantesco estruendo que no cesará hasta la tarde del día siguiente.

En torno a unos 20.000 tamborileros recorren las calles de la ciudad en espera de la salida del sol, que marcará el comienzo de una tradición que se repite año tras año: la subida al Calvario. Con las primeras luces del día, y con varias horas de tambor a las espaldas, los tamborileros emprenden la subida al Calvario, donde esperarán hasta poco antes de la salida de la procesión para iniciar la bajada hasta el Rabal y que finaliza hacia las tres de la tarde.

La cuarta y última tamborada se celebra durante la noche del Sábado de Gloria, prolongándose hasta las tres de la tarde del Domingo de Resurrección. La despedida al tambor consiste en la suelta de palomas que salen del interior de un tambor gigantesco, con el sonido de fondo de miles de tamborileros, que de esta forma ponen punto y final a las tamboradas de Semana Santa.
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