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Hemeroteca :: Edición del 31/07/2010 | Salir de la hemeroteca
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RELATO

Última actualización 23/07/2010@13:27:59 GMT+1
"Lo bueno es que se puede llevar gafas de sol".

MUJER caminando un día soleado de nieve.

Calle Serrano.

Puede pasarle a cualquiera, a cualquier hora y en cualquier esquina.

Serrano, una calle prestigiosa de Madrid, reconocida por sus tiendas exclusivas y toque snob, es el punto de partida de lo que atrevidamente llamo el retrato de una crisis glamurosa.
Las vitrinas ó altares del mercado, exponen maniquíes tan estilizados que nos mandan mensajes subliminales para internarnos al centro de estética más cercano, cualquiera que nos prometa los pómulos más pronunciados y el abdomen más plano sin ningún esfuerzo físico. Una formula para no estar al otro lado de la línea, la de los desapercibidos.

Mientras sigo perdiendo la línea, guardo la esperanza de que el hombre de mis sueños no se parezca al personaje de plástico que carga un costoso maletín ejecutivo, prefiero a un desapercibido caminante que vestido de básico vaya. Sin embargo, hay una actitud envidiable en estas Barbies y Ken de 1.80 de estatura, y es la imperturbabilidad constante que mantienen ante el descalabro económico que nos sacude.

Si hay algo en común entre las vitrinas de moda, decoración, arte, cosmética y joyería es la palabra Rebajas. Una especie de mantra consumista que abre mágicamente todas las puertas y nos invita a seguir a un mundo en el que todo es negociable.

El hecho de que mi tiempo siempre sea libre y el sol brille nostálgico, es una excusa más que absurda para entrar a cualquier tienda y hacerle entender al planeta entero que como cualquier mujer trabajadora, y hablo por todas, merecemos estos momentos de vanidad, porque para eso trabajamos más de 8 horas diarias, con contratos firmados con el diablo y no precisamente vestido de Prada, quizá del Zara, con garantías mínimas y bajo la presión de que puedan despedirnos en cualquier instante. ¡Válgame Dios! En estos lapsus de conciencia laboral siempre pienso, "Si me tocase hacer la fila del paro, por lo menos la haré estrenando ropa".

Así que después de pensármelo no más de 2 minutos y de analizar que los descuentos son al 70%, y en Serrano, entro en actitud zen-tella. Le pregunto a la dependienta por el vestido rojo que luce tan tentadoramente el maniquí en la vitrina. Ella, con su natural sonrisa de prevenía, me lo entrega como si fuese un bebé recién nacido y prodigioso. Yo lo cargo con tal cariño, quizá porque me lleva a un momento maternal jamás vivido. Pero enseguida, mi calculadora mental suma, resta, multiplica, divide y vuelve a restar. Resultado: recortar presupuesto del mercado. Yes cuando el autoengaño aparece con acento argentino y vestido de psicoanalista "che, boluda, te servirá para bajar unos kilitos". Mejor dicho, unas rebajas en todos los sentidos.
  • ¿Es talla 38? -Le pregunto.
  • Es 36, y es el único que nos queda.
  • ¡No puede ser! Sin embargo, me autoconvenzo de que es una señal del destino, que debo adelgazar y punto.
  • Intenta probártelo, igual te vale.

Voy al probador con un nuevo reto: lograr que el vestido me quedase. Hago fuerzas, contengo el aire, aprieto el estómago y hasta le pido el milagro a la Virgen de la Almudena, pero nada, me queda tan apretado que las costuras están a punto de descoserse. Así que triste pero no derrotada, porque seguro de que en 10 días adelgazaría, le comento a la dependienta lo ajustado de la talla 36 en mi cuerpo 38.
  • Este vestido merece un adelgazamiento. -Me dice con su mirada de código de barras.
  • ¿Y cuánto cuesta el vestido?
  • Con el 70% de descuento, queda en 560€.

Ni el impacto impide que me falte el aire, lo había dejado en el probador cuando intentaba meterme en el vestido entubado.

Las excusas comienzan a perder peso.
  • Es de oportunidad. Este vestido lo merece todo.
  • Este vestido lo que merece es volvérselo a probar. ¿Puedo?
  • Por supuesto. -Me contesta ansiosa.

Otra vez la misma operación: recupero el aire, lo contengo, aprieto el estómago y le digo a la Almudena "te agradezco infinitamente que no me quede". Me miro al espejo sintiéndome divina y sin ningún tipo de culpa, saco mi móvil y comienzo a tomarme fotos cual modelo de Armani.
  • La verdad, es precioso. -Le confieso a la dependienta.
  • Su compra es un gran acierto.
  • Lo que es un gran acierto es irme ya mismo al supermercado para mantener mi talla 38.

Salí de la tienda sintiéndome imperturbable y sobretodo percibida. El sol es menos nostálgico. Las rebajas son una ilusión, un invento del mercado para que compremos con menos remordimiento, aunque realmente no lo necesitemos. Pero lo mejor de mi No Shopping es que salí siendo el maniquí de mi propia vitrina: la pantalla de mi móvil. ¿Quién podría decir que, en ese instante, el vestido rojo no fue mío?. Por LILIÁN PALLARES, escritora colombiana. Extraído de su libro Ciudad Sonámbula.
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