INMIGRANTES
Última actualización 02/01/2010@05:16:59 GMT+1
Empezaré esta crónica enumerando los errores del festival, pero terminaré señalando sus virtudes. No me pareció mal que se cobre 15 euros la entrada, lo que me desagradó fue la pésima calidad en la mayoría de conferencias. Si uno paga, lo que se espera es escuchar un mínimo de rigor en las disertaciones literarias. Lo que predominó en las conferencias es la improvisación y el cachondeo.
Por ejemplo, la conferencia de Agustín Fernández Mallo, fue una supuesta ironía antiacadémica, pero lo que resultó fue un pésimo monólogo de humor de cuarta categoría. Lo de Manuel Vilas, empezó interesante con la mención a la estatura de Kafka, pero luego se tornó repetitiva, y la inicial mueca de sonrisa se convirtió en una de hastío. Por no hablar de la dizque disertación de Fadanelli, cuyo supuesto texto de tres páginas, lo desmontó él mismo, diciendo que había dicho un montón de estupideces juntas. Si se les paga para hablar de literatura y no lo quieren hacer, simplemente no participen y entréguenle el lugar a otros que sí asumen a la literatura con profesionalismo. Estos tíos se ganan el dinero fácil. Pagar 15 euros para escuchar hablar de literatura en tiempos de crisis no es poca cosa. Sin embargo, debo acotar que sí existieron conferencias interesantes, como “La enfermedad de los escritores”, brillantemente expuesta por la destacada escritora Soledad Puértolas, a quien conocí y felicité por su intervención.
Otra contradicción fue el desnivel que hubo entre los escritores invitados, algunos de indudable calidad junto a otros novatos cuyo talento es por decir lo menos “cuestionable”. Me imagino que la amistad, en este caso, jugó un papel importante para que hayan sido convocados. Otro fallo fue la calidad de los músicos, quienes realmente fueron somníferos y bastantes sosos.
Lo mejor de este festival fue la lectura de poemas inéditos de Antonio Gamoneda. Su reflexión sobre la poesía fue profunda, y sus poemas, geniales. Creo que la próxima entrega de de Gamoneda será su mejor libro. Me encantó hablar con Antonio en varias oportunidades durante el festival. Es una persona sencilla y amable. Va a su rollo y eso me gusta. La participación de Leopoldo María Panero fue accidentada, pero él es así, se puede dar el lujo, luego de escribir grandes poemarios, de decir lo que quiera; sin embargo, en esos breves momentos de lucidez, durante su disertación y lectura, dijo algunas cosas sugerentes que me estremecieron. Al final me comprometí con Leopoldo en llevarlo a Perú, ante lo cual me dio un beso en la mano (me saludaba con el puño en alto cada vez que me veía).
En la maratón de poesía, me decepcionó el nivel de los poetas que leyeron, solo salvándose la buena poesía de Juan Carlos Mestre. Le prometí a Mestre escucharlo en el recital y me quedé hasta el final solo para oírlo. Me da alegría que le hayan dado el Premio Nacional de Poesía.
A modo de anécdota, contaré que, en algunas conferencias, estuve de francotirador para que no se la llevaran fácil los ponentes. Me divirtió mucho que Vicente Molina Foix no me responda sobre su “error” al denominar a Latinoamérica como “Las Españas”. Noté cierto tufo neocolonialista en dicha frase. Álvaro Pombo tuvo luego la decencia de hablarme del tema. Hablé con el mítico Jorge Herralde, me pareció un caballero en todo el sentido de la palabra. Al final pude dialogar con Fernando Iwasaki, quien vive hace décadas en Sevilla, de forma casual, me presentó a Ray Loriga y Rodrigo Fresán.
En términos generales, el festival me gustó. Salvo los errores que he señalado. Algunas conferencias y lecturas fueron inolvidables; solo por eso, valió la pena asistir.