Última actualización 21/02/2010@15:01:54 GMT+1
En estos días se reunen los dos grandes cónclaves ideológicos, el Foro de Davos, donde los representantes del poder político y económico mundial urden sus planes y el Foro de Porto Alegre, en Brasil cuyos mentores creen que “Otro mundo es posible”.
Este año, el presidente brasileño Lula no ha dudado en ir de Porto Alegre a Davos llevando un recado urgente de los idealistas a los poderosos. “Se nos acaba el plazo. La crisis económica mundial producida por los abusos del poder financiero se va a llevar por delante algo más que un sistema”.
Lula da Silva comparte con otros analistas radicales la tesis de que la globalización ha hecho posible que tanto el bien como el mal se universalice y que las perspectivas se presentan como el comienzo de una guerra de clases en la que los desposeídos empiecen a urdir venganzas contra los más ricos.
El ejemplo que se pone es el radicalismo islámico que pone en marcha un fanatismo terrorista capaz de inmolarse y de tener en jaque a la aviación mundial.
El radicalismo social no es tan tenebroso pero se empieza a impacientar con una situación en la que el diez por ciento de la población posee el ochenta por ciento de la riqueza, en unos momentos en que no solo la desigualdad y el desempleo sino también la miseria y el hambre afecta a más de mil millones de personas.
El Foro “Otro mundo es posible” comienza a recibir el discurso de la ira del pobre. Nunca como ahora se universaliza la idea de dar un ultimátum al sistema occidental.
La duda se ha instalado en algunos países emergentes como China e India, cuyos directivos creen todavía en la posibilidad de acelerar el desarrollo sin alienar a los pobres pero de allí vienen también mensajes de impaciencia. Los políticos chinos creen que la unión del socialismo y el capitalismo puede contener esa impaciencia, siempre que el progreso se acelere pero esto no está ocurriendo.
El acceso de los pobres a la televisión y a Internet complica las cosas y existen cada vez más iniciativas de ruptura con el sistema.
La mayoría son a nivel local y tienen que ver con el crecimiento de alternativas a la agricultura de exportación, al sistema crediticio tradicional.
Lo que Lula lleva consigo a Davos es un mensaje de urgencia, un aviso a los poderosos. “Tienen Uds. no más de un año para cambiar sus métodos sino quieren enfrentarse a un boicot del comercio internacional y una insurrección laboral de impredecibles consecuencias”.
Lo cierto es que nunca como hasta ahora se ha producido una deslegitimación tan profunda de de la democracia capitalista. Puede que ésta tenga recursos, incluso coactivos, para sobrevivir pero no capacidad para convencer.